EN BUSCA DEL HILO DE LA VIDA

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El hilo de la vida. Collage. Mollie Leenhouts

María Martínez

Catedrática de Historia Medieval

Universidad de Murcia.

Nunca me he considerado escritora. Por si lo creía tuve un amigo literato que me recordaba que escribir no era ser escritora. No obstante, por mi profesión he tenido que escribir para publicar los trabajos de investigación que comencé en los años ochenta del siglo pasado. Y por ello, colaborar en este libro, invitada por el gran Fernando Criado, fue una aventura nueva que como tal tenía sus riesgos. Me dio un pellizco el estómago la propuesta, porque además se sugirió que se basara en “algo” personal. Temor fue lo primero que sentí, que fue domado para superar la necesaria inseguridad que provoca aquello ajeno a nuestra cotidianidad.

La escritura es uno de los grandes inventos de la Humanidad que ha servido para comunicarnos, para avanzar, para perpetuar parte del pasado colectivo. Grandes e ilustres mujeres (menos que hombres por razones culturales) dejaron pensamientos, conocimientos y sentimientos en sus obras. También aquéllas que no escribieron pudieron cumplir con sus voces, pioneras y sustitutas de lo escrito, una función similar: la transmisión de tradición y educación, de conocimiento y valores, de cantos y relatos musicados y contados a sus hijos. Un hilo de vida sonoro imperecedero cuyo eco reposa en la escritura.

Aquí, en esta obra, Ellas escriben, ellos leen, se han invertido los roles masculinos y femeninos que fueron habituales, quizás para compensar así la desigualdad histórica entre hombres y mujeres escritores, porque las lectoras, actualmente, parece son mayoría, según indican estudios realizados. De todas formas, leer y escribir son funciones intercambiables y complementarias. E independientemente del sexo, quien escribe desde luego ha leído. Y se lee para seguir escribiendo y viviendo. Vocación, oficio o afición, la lectura y la escritura son buenas compañías ¡entretienen tanto la vida!  Aunque he conocido personas ágrafas (o sencillamente analfabetas) dotadas de gran capacidad para contar historias e inventar con gran realismo mágico la historia de sus antepasados y los sucesos más maravillosos, dignos de una antología de cuentos.

Lo que he desvelado en este libro son experiencias de vida, que podrían calificarse de “auto ficción”. Según algunos entendidos éste es un género que tiene muchas limitaciones para los escritores o escritoras profesionales. Y creo que tienen razón. Olvidar y recordar son funciones cognitivas necesarias para vivir y sobrevivir. Y poner por escrito la vida vivida es una terapia que te permite ambas cosas. No enterré del todo los hechos infelices de mi infancia, si bien se difuminaron en la nebulosa mental. En este relato los he recobrado invocando a dos figuras femeninas trascendentales: la madre muerta que la abuela viva no dejó que olvidara. Al rescatarlas del mundo del olvido para verterlas en el mundo del recuerdo he tenido que superar el pudor que supone exponer la intimidad cicatrizada. Al hacerlo he sentido cierto gozo doloroso o dolor gozoso. La mirar atrás obliga a reordenar vivencias personales compartidas con seres queridos que habitan en mí, adormecidos, tejiendo el hilo de vida para quienes forman parte de ella.

Quizás algunos de los posibles lectores se atrevan a urdir sus propias tramas de vida, siquiera para rendir cuentas con el pasado y quedar en paz con él. Esa es la impresión terapéutica que me queda tras tejer este relato que comparto públicamente acompañada de escritoras y de comentaristas de nuestros escritos. A todos ellos les estoy agradecida por acogerme entre sus páginas.

EN BUSCA DEL HILO DE LA VIDA

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