COMENTARIO A EllAS ESCRIBEN, EllOS LEEN

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Mujer leyendo. Acuarela. Fernando Criado

Teresa Vicente

Licenciada en Historia e Historia del Arte y escritora. 

El cuento, como manifestación literaria, tiene raíces profundas en el mundo de la literatura. Aparece mezclado con otros géneros desde el comienzo de la historia. Las novelas cortas griegas podrían considerarse así, y muchas de las aventuras, en verso, de Ulises en la Odisea, son en sí maravillosos cuentos. Si examinamos el Quijote, hallamos muchos relatos recogidos por Cervantes como aventuras del caballero Quijano y de su escudero Sancho Panza.

Ha habido una tradición Mediterránea, mantenida por mujeres que tienen por costumbre, acabada su tarea, juntarse —en el mundo árabe alrededor del fuego, y en el cristiano en las puertas de sus casas—, una vez caída la tarde, para contar historias, anécdotas, chismes, sucesos, una actividad que ha hermanado a las mujeres y las ha hecho excelentes narradoras. Dentro de esa tradición femenina hay que mencionar los cuentos de Las mil y una noches, en donde la inteligente Sherezade desgrana una historia tras otra, dejándolas inacabadas cada noche para postergar, día tras día, su ejecución.

La cultura, la sociedad y la política han relegado a la mujer, desde el mundo clásico hasta el siglo XX, a ser una mera cuidadora del hogar y de los hijos, no pudiendo acceder a la cultura, el arte, la literatura… y en fin a ningún tipo de formación que no fuese el mantenimiento del hogar. La propia Isabel I de Castilla aprendió a tejer para hacerle las camisas a Fernando II de Aragón. Es a partir del voto de la mujer que esta ha podido cambiar su destino a golpe de leyes —en el mundo occidental—, y ha logrado igualarse lentamente a los hombres.

A pesar de estas cortapisas, a lo largo del tiempo las mujeres, cuando consiguieron educación, lograron sobresalir rotundamente, si bien se trata de casos excepcionales en la historia de la humanidad, cuando coincidieron fortunas familiares con un especial empeño para que se formasen por parte de sus padres o tutores. Los ejemplos a lo largo de la historia son escasos en comparación con los hombres, pero muy significativos, destacamos: la hija de Sargón I, Enheduanna, poeta de finales del tercer milenio a. C.; la también poeta Safo, del siglo VII a. C.; Hildegard von Bingen, mística alemana, escritora del siglo XII; Christine de Pizan, escritora del siglo XV, y Teresa de Jesús, mística y escritora del siglo XVI. A pesar de toda la inteligencia que mostraron estas mujeres en sus escritos, fueron a veces rechazadas como intelectuales. Es el caso de la mística de origen judío Teresa de Cartagena, siglo XV, que escribió una novela, Arboleda de los enfermos, por la que fue acusada de plagiar a un hombre; o se dudó de que ella fuese realmente la autora. En contestación, ella les respondió con otro libro para demostrar que sí sabía escribir. En el siglo XVIII, muchas mujeres capitanearon salones literarios, en donde brillaron a la par que el género masculino. En el siglo XIX, ya encontramos numerosas escritoras de nombre reconocido.

A menudo la mujer ingresaba en el convento para huir de la potestad paterna o no queriéndose casar. Encontramos que las místicas fueron aceptadas en su palabra, porque cuando hablaban en trance lo hacían en nombre de Dios y entonces se convertían en ‘voces masculinas’.

El original texto Ellas escriben, ellos leen. Historias de mujeres contadas por mujeres y comentadas por hombres ha sido sabiamente ideado y editado bajo la batuta de Fernando Criado. Lleva un prólogo de Ana Santos Aramburo, y está ilustrado por una serie de collages que se funden con las temáticas de cada uno de los cuentos realizados por Mollie Leenbouts. Son dieciséis textos, escritos por mujeres que están altamente cualificadas en sus respectivos campos profesionales, pero que no se dedican a la literatura en su mayoría; incluso para algunas esta ha sido su primera incursión literaria.

El resultado es absolutamente positivo, y pienso que muchas —si quisieran— podrían dedicarse a este arte. Incluso algún cuento parecía realizado por una escritora cuya destreza narrativa y originalidad merecería ganar algún premio literario. Supongo que un buen número de las autoras tienen experiencia en redactar, dentro de sus carreras profesionales, textos científicos de todo tipo, llevándolas a la soltura que observamos a la hora de plasmar estos cuentos. A su buen hacer en la estructuración del lenguaje han unido imaginación y magia para producir valiosos textos literarios. En cuanto a la temática, en la mayoría intuimos experiencias personales, historias biográficas familiares, o de heroínas españolas. Hay también textos que plasman el trabajo callado de la mujer a nivel científico, marino, social, militar… De todas las épocas y en diversos sitios. Temas de mujeres para mujeres.

Pero estos son ahora también temas de hombres: a cada cuento le corresponde una réplica masculina. Aquí también el autor no es un profesional dedicado a la literatura, ni como escritor, ni como crítico literario, sino que son hombres inteligentes dedicados a vidas profesionales muy heterogéneas. Todos ellos han comprendido y apoyado los problemas que han sido narrados por las escritoras, lo que recoge el sentir de nuestra sociedad actual, en Occidente, de la igualdad entre los géneros, aunque, desgraciadamente no ocurre igual en otras partes del mundo.

Por último, considero encomiable el objetivo de este libro, poniendo a la par la función de la mujer con el sexo masculino en todas las vertientes de la sociedad.

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